Fecha de fundación: 15 de enero de
1614
Nombre del/los fundador
(es): Francisco Herrera Campusano
Reseña histórica:
A
principios de la cuarta década del siglo XIV, la expedición del licenciado Juan Badillo, que había salido
de Cartagena el 5 de octubre de 1539 en busca del tesoro de Dabaibe, siguiendo
las huellas de la primera expedición de don Pedro de Heredia, llegaba por
primera vez al valle de Nore, situado en las ramificaciones de la Cordillera Occidental,
en territorio antioqueño. Los expedicionarios, entre los cuales figuraban
Francisco César y el francés Noguerol, iban guiados por el hábil y valeroso
práctico Pablo Fernández. Llegados al valle de Nore, los conquistadores
establecieron su cuartel general en el poblado indígena que consideraron de
mayor importancia, rodeados de tierra limpia y bien cultivada. De allí salieron
patrullas en varias direcciones con el fin de buscar oro, meta ésta de la
expedición de Badillo.
El cacique Nabuco, señor de
aquella región, ansioso de librarse de tan extraños e incómodos huéspedes,
obsequió a Badillo más de dos mil pesos en oro fino, y se ofreció como guía
para conducir al aventurero español a las tierras del cacique Buriticá, separadas de
los dominios de Nabuco por impenetrables bosques que cubrían un laberinto de
montañas. La tropa siguió el camino indicado por Nabuco para llegar a los
dominios de Buriticá, y después de sangriento combate derrotó a los naturales,
que huyeron despavoridos ante el avance de los exóticos invasores.
En esta refriega murió el
valiente oficial francés Noguerol, atravesado por una lanza. El cacique
Buriticá logró escapar junto con sus guerreros, pero Badillo logró apresar a la
esposa y a los hijos del cacique, quien ofreció luego doce cargas de oro para
rescatar a su familia, prometiendo además mostrar a los conquistadores las
ricas minas de donde se extraía el codiciado metal. El cacique Buriticá se
presentó en cumplimiento de su promesa, y pidió a los invasores que dejaran en
libertad a su esposa e hijos, y que él quedaría en rehenes mientras su mujer
iba a reunir la cantidad de oro convenida como rescate. Aceptaron los
conquistadores la propuesta del cacique, y pusieron en libertad a su mujer;
pero dejaron prisionero al jefe indígena, atándolo con cuerdas para que no
pudiese huir. Transcurrieron diez días, y la mujer del cacique no regresó, ni
los indios trajeron las cargas de oro que Buriticá había prometido.
Entonces los soldados de Badillo exigieron al cacique que marchara con ellos y
les indicara el lugar donde estaban los yacimientos. Iba atado Buriticá y
cuatro soldados lo conducían. Atrás de este grupo marchaba el grueso de los
expedicionarios. Descendían por un sendero estrecho, rodeado de barrancos
profundos y peligrosos despeñaderos. Inesperadamente, el cacique se arrojó al
abismo arrastrando consigo a los cuatro soldados que lo conducían. Pero
desgraciadamente para él, Buriticá no murió en la caída, pues indios y soldados
quedaron enredados en un espeso matorral que había en el abismo. Siguiendo su
costumbre, los españoles que contemplaban la escena desde la altura, se
santiguaron, rezaron el credo, dieron por muertos a los cinco hombres y
regresaron al pueblo a dar cuenta a Badillo de lo sucedido. Horas más tarde los
cuatro conductores del cacique, habiendo logrado escalar el barranco,
regresaban al cuartel llevando siempre atado al infeliz indígena. Y para
demostrar que los aborígenes de América no debían aventajar en barbarie a los
españoles, Badillo condenó al cacique a morir en la hoguera.
En torno a la verdadera
fecha de la fundación de Buriticá por los españoles, y el nombre de su
fundador, existe una laguna histórica que abarca casi un siglo, desde la
expedición de Badillo y el sacrificio del cacique Buriticá, hasta la fundación
española propiamente dicha de este pueblo, que tuvo lugar, según unos, en 1616,
y según otros en 1625. Desde su fundación hasta hoy, la historia de Buriticá
puede dividirse en tres épocas: primera, la de la expedición aurífera, con la
figura central y legendaria de doña María de Centeno; segunda, la de la
industria de sombreros de iraca, después de la extinción de las minas; y por
último, la época actual, agrícola y pecuaria.
Badillo, ciertamente, no
encontró el fantástico tesoro del Dabaibe en las montañas de Antioquia, como
Ponce de León no halló en la Florida la fuente de la juventud.
Pero las tierras del
cacique Buriticá eran tan prodigiosamente ricas en el dorado metal, que
refiriéndose a ellas decían muchos de los magnates de la época, según nos lo
relatan las crónicas: “Si Dios nos da cien años de vida, y les da cien años de
vida a nuestros hijos, no tendremos necesidad de trabajar ni un solo día para
darnos una vida opulenta, pues el oro de Buriticá nos exime de tal necesidad”.
Como hemos dicho, fue
doña María de Centeno la más famosa minera de la época. Esta célebre mujer vino
a Buriticá desde Frontino a principios del siglo XVII. Su primer marido,
D. García Jaramillo, explotaba las ricas minas de San Román en Buriticá, en
compañía del Gobernador de la Provincia Don Gaspar de Rodas. Al morir don
García, dejó en herencia las minas a su esposa. Doña María de Centeno, con 508
negros siguió extrayendo oro en enormes cantidades para enviarlo a España,
durante más de 25 años. Construyó un admirable acueducto de 15 kilómetros de
extensión para conducir el agua a las minas, ya que la localidad es bastante
seca. Y por último, algunos historiadores afirman que doña María contrajo
matrimonio cuatro veces, pero hasta nosotros sólo han llegado los nombres de
tres de sus maridos: el ya mentado don García Jaramillo; el capitán Alonso de Rodas Carvajal y por último el capitán
Fernando de Ocio y Salazar, muerto el 7 de abril de 1645, mientras la defunción
de doña María de Centeno ocurrió el 4 de agosto del mismo año.
Desde fines del
siglo XVIII cesó la explotación de las minas de Buriticá, que esperan desde
entonces que un empresario audaz reviva la época de doña María de Centeno o de
otros mineros que las trabajaron después.